Arlington Suárez con su obra.
Arlington Suárez.
Foto
Álvaro Suescún

Share:

Arlington Suarez, el poder de imaginar

Creador artístico que ha desarrollado su trabajo en el ámbito de la filosofía del arte.

Por Álvaro Suescún T.

Arlington Suarez es un creador artístico que ha desarrollado su trabajo en el ámbito de la filosofía del arte, y por eso sus obras no representan objetos reconocibles, de modo que en su universo creativo hay solo formas y colores con los cuales se expresa en un lenguaje hecho de emociones y de ideas.

Se nos repite hasta la saciedad que, para ser auténticos, debemos andar en equilibrio por los bordes de la razón que es otra manera de cruzar los límites geográficos, una manera de cohesionarnos para impedir el desborde de la creatividad. No obstante, hay casos que saltan fuera de lo común, es inevitable que así suceda, de Galapa era el primer poeta extravagante de Macondo, el único surrealista puro que se dio en nuestro país en los años del medio siglo pasado, se llamaba Vidal Echeverría.

Ventana al mar.

Cuando Vidal llegó a Bogotá en los años 50 todavía se declamaban los sonetos a la bandera colombiana de José Joaquín Ortiz y se colgaban, en el más respetuoso lugar de los salones santafereños, los óleos de Ricardo Gómez Campuzano, un paisajista que se había alimentado de las mieles pictóricas del impresionismo y del costumbrismo tradicionalista,  y era tenido como la vanguardia santafereña, hasta que apareció Obregón, nacido en Barcelona con crianza en Barranquilla, y a brochazos siniestros desbarató aquel mito para imponer, con las luces de su imaginación, un nueva manera  de vestir de colores inapelables los lienzos. 

De Palmar de Varela ha surgido este notable creador abstracto, quien desde el lienzo y desde la abstracción ha encontrado en Barranquilla, una apetecible oportunidad de responder a las interpelaciones sobre su manera de entender el mundo y la vida que lo circundan y por esos sus obras no representan objetos reconocibles, de modo que en su universo creativo hay solo formas y colores con los cuales expresa emociones o ideas.

Arlington Suárez con su obra.

La abstracción así entendida marca una ruptura con la representación formal de los objetos, realista o figurativa, abandonando la imitación de la naturaleza propia de la tradición occidental. En lugar de copiar la realidad, busca la esencia, la forma pura, el color y la emoción, de modo que sus obras tienes una composición muy personal, dotada de autonomía y con su propio significado. 

Haciendo uso de una desbordada capacidad, pinta obra tras obra sin unas reglas definidas, diferentes a potentes saltos surgidos cada vez desde lo imaginado, desde una perspectiva fascinante, muy ligada a la visión de pensadores que nos contraen a una realidad diferenciada, el mundo físico que en la naturaleza está representado por manantiales, árboles, animales, bosques, se desborda en un mundo imaginado que tiene sus leyes particulares y se comporta con maneras de apariencia rígida y también imaginadas, allí están el  dinero, el amor, el concepto de nación, la belleza, la justicia, entre otras. Y si aceptamos esas reglas y nos adaptamos a ellas, por qué no estas otras mientras nos adaptamos o las habituamos a nuestra comprensión o a nuestra capacidad de raciocinio que es una apetecible oportunidad de responder a las interpelaciones sobre cada manera de entender el mundo y la vida que los circundan. El río y el cielo tienen un color impreciso en sus obras, de manera que no dependen del azul intenso que se cuela en la atmósfera, ni del amarillo efervescente de la luz solar sino de la imaginación, una fuente que irradia mayor poder y, por tanto, tiene su propio significado.

Imagen del evento de este jueves.

La representación de la historia de la humanidad no es lineal, dejó de serlo con la aparición del pensamiento abstracto, es decir, la capacidad de conceptualizar, de razonar, y de entender símbolos, teorías y relaciones que no están presentes o que no son físicamente palpables, puesto que carecen de una realidad física, por tanto es una cualidad, una idea o un concepto mental, independiente de un sujeto concreto. Entender esto es empezar a encontrarnos con la realidad misma, que es diferente en la obra de Arlington Suarez, un creador artístico con una mente desarrollada en el ámbito de la filosofía del arte.

En la búsqueda de la autenticidad la constante abstraccionista se ha desarrollado en otra vertiente que es el expresionismo en pintura, de ahí se deduce una ética y un estilo secular humanista, y por esto creador de grandes controversias y blanco de persecuciones y censuras. Hoy es anti institucional, asocial y gran crítico de los formalismos académicos que manejan los oficialismos, lo que cuenta es la obra que es esencia del ser y vivencia del pintor de donde escapan las imágenes como soplo de brisas constantes o como imágenes que perturban un sueño intranquilo.

Ojo mágico.

En las artes este modelo es frecuente, aunque muchas veces pase desapercibido antes de ser aceptado, el caso de los colores estridentes de Obregón, o el de las caras y figuras distorsionadas de Picasso, el de los arreboles intensos en los cielos de Van Goh, para no recurrir a abstracciones más intensas como las de Piet Mondrian,  Wassily Kandinsky y Kasimir Malewitsch quienes alborotaron el avispero de pensamiento racional en el siglo pasado con sus obras  abstractas, ya fueran de carácter lírico o las de un fuerte contenido expresionista.

Hace muchos años, tal vez desde las cavernas, el hommo sapiens pudo desarrollar un lenguaje que describía la realidad, "¡cuidado, con el león!", alertaban a la tribu, y después ese mismo lenguaje les permitió crear ficciones, y así ya podían imaginar que su fuerza podría defenderlos, y así "el león fue el espíritu guardián de la tribu". Esto dio origen al mito y de ahí, en un salto corto, a la cultura, a la ficción que es la capacidad de creer en cosas que no existen físicamente, pero permiten que personas con pocas cosas en común se entiendan y colaboren entre sí. 

En esa evolución también está involucrado el pensamiento creador y la naturaleza del artista, a partir de la creación de símbolos que rompen con la narrativa tradicional, porque solo representa el poder pero no transforma la vida. En cambio, el arte viaja por senderos diferentes cuando deja de ser una imagen para convertirse en una forma de existencia compartida, iniciando una ceremonia íntima que roza zonas sensibles de la naturaleza humana.

Es de esa manera como hay que situarse enfrente de cada obra de Arlington, dándole espacio a la imaginación que tiene su propia fuerza creadora a partir de lo real y que contribuye a la construcción de un nuevo orden en la sociedad, y su correspondiente significado, sin establecer límites entre lo imaginario con lo mitológico pues en ambos cabe lo representativo, y en ellos convive la cultura como algo visible y real.

Sinfonía

Así que nos volvemos a preguntar con Vidal Echeverría qué determina lo que se ve o lo que no se ve, para seguir aprendiendo de los sabios universales, los caciques indígenas que nos acompañan a la hora de definir estas incógnitas superiores tan complejas, surgidas en aquellas cavernas en donde dejaron plasmados los primeros signos pictóricos como muestra de lo mucho que tienen para enseñarnos y para enriquecernos espiritualmente. Igual sucede con los espacios citadinos, y con los ciudadanos, que pueden conocerse de manera directa, tras la introspección, dado que no están representados, sino que son creados en cada pincelada, en un espacio que, de acuerdo con su instinto artístico, van tomando forma en los fósiles de su memoria.

El autor con su obra.

Más sobre este tema: